Por Ramón Rivera
Presidente del Grupo Libélula, red global de pensamiento estratégico con presencia en los cinco continentes
El presidente Donald Trump firma la carta fundacional del Consejo de Paz en Davos, el 22 de enero de 2026.
PANAMÁ, 23 de enero de 2026 — La geopolítica mundial ha entrado en una nueva fase de redefinición, donde las promesas de estabilidad y paz compiten con la erosión de los cimientos que han sostenido el orden internacional desde 1945. El lanzamiento del Consejo de Paz por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el Foro Económico Mundial de Davos, es presentado como un remedio a la parálisis de los organismos multilaterales. Sin embargo, una evaluación rigurosa, guiada por la prudencia y la justicia, revela que esta iniciativa, bajo su atractivo fachada de eficacia, constituye una amenaza profunda a los principios de soberanía, equidad y diálogo universal.

La Ilusión de la Eficacia: Un Club Privado con Pretensiones Globales
La retórica que envuelve al Consejo de Paz enfatiza su agilidad y carácter «orientado a resultados», una crítica velada pero directa a la supuesta burocracia de la ONU. No obstante, su arquitectura institucional desmiente cualquier aspiración de imparcialidad o universalidad. La concentración de autoridad en su fundador —con un veto vitalicio, el poder exclusivo de invitar miembros y designar sucesores— no tiene parangón en el derecho internacional contemporáneo. Esto no es un organismo; es un feudo personalista con pretensiones globales.
El modelo de financiamiento «pay-to-play», mediante el cual un asiento permanente puede ser comprado por una contribución de mil millones de dólares, es particularmente escandaloso. Transforma la búsqueda de la paz —un bien común universal— en una transacción comercial, donde la influencia es directamente proporcional a la riqueza. ¿Es este el modelo de gobernanza global que merecemos? La templanza exige rechazar esta mercantilización de la diplomacia.
Sala del Consejo de Seguridad de la ONU, símbolo del multilateralismo universal establecido en 1945.
Unilateralismo Sistémico: El Contexto de la Destrucción Creativa
Esta iniciativa no es un acto aislado. Es la piedra angular de una estrategia deliberada de desmantelamiento del orden multilateral. El retiro masivo de Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales en diciembre pasado fue el preludio necesario. Al debilitar sistemáticamente las instituciones existentes, se crea un vacío de gobernanza que el Consejo de Paz pretende llenar.
Desde Panamá, un país cuya soberanía e identidad se han forjado como puente de cooperación y respeto al derecho internacional, esta estrategia es profundamente alarmante. El poder de veto de EE.UU. en el Consejo de Seguridad ya es una fuente de parálisis; ahora, al crear un mecanismo paralelo que opera bajo sus propias reglas, Washington busca legitimar una práctica peligrosa: la de ignorar los foros universales cuando no sirven a sus intereses inmediatos. La fortaleza de las naciones medianas reside en un sistema de reglas comunes, no en la ley del más fuerte.
La Cuestión de la Legitimidad: Un Coro de Voces Selectas
La legitimidad de cualquier organismo internacional emana de su representatividad y adhesión a principios compartidos. La lista inicial de adherentes al Consejo de Paz —unos 20 estados, muchos con notables déficits democráticos o claras agendas geopolíticas alineadas con Washington— carece de diversidad genuina. La ausencia de potencias clave como China, y el escepticismo abierto de importantes democracias europeas, hablan de una fractura profunda.
Un organismo que excluye a grandes segmentos de la humanidad no puede, en justicia, pretender imponer soluciones de gobernanza transitoria o desmilitarización en territorios soberanos. La caridad, entendida como el bien común, exige inclusión, no exclusión.
Hacia una Esperanza Renovada: Fortalecer, no Fragmentar
En el Grupo Libélula, sostenemos que la crítica al statu quo no debe llevar a su destrucción, sino a su renovación. Es innegable que el sistema de la ONU requiere reformas urgentes para superar su parálisis. La solución, sin embargo, no es la fragmentación en clubs de poder rivales, sino una reforma audaz que democratice el Consejo de Seguridad, fortalezca la Asamblea General y revitalice los mecanismos de solución pacífica de controversias.
El verdadero pragmatismo no es atajar por los caminos del unilateralismo, sino tener la esperanza y la fortaleza para trabajar por un multilateralismo más justo y efectivo. El Consejo de Paz representa una encrucijada: puede ser un recordatorio de lo que debemos evitar, o convertirse en el acelerador de un mundo regido por la pura realpolitik, donde los débiles ven su voz aún más silenciada.
La paz duradera, la única que merece ese nombre, se construye con ladrillos de diálogo inclusivo, respeto al derecho internacional y una justicia que trascienda los intereses de las grandes potencias. Desde este pequeño punto del mundo que ha hecho del encuentro pacífico su razón de ser, Panamá debe alzar su voz para defender esos principios. La prudencia nos llama a la vigilancia; la justicia, a la acción.
Ramón Rivera
Presidente del Grupo Libélula
Panamá, República de Panamá















